Ana María Romero-Lozada Lauezzari

Durante las celebraciones de las Bodas de Oro de la promoción 1967, no hubo reunión donde no nos preguntáramos cómo hicieron las Sisters para imprimir en cada una de nosotras aquel sentido de responsabilidad que nos acompaña en la vida diaria desde entonces.

No concebimos la impuntualidad, no se nos ocurre invadir el espacio y privacidad de otro, no se nos pasa por la cabeza hacer lo contrario de lo que establece una regla o norma y tampoco, descalificar a nadie por pensar distinto.

Hoy pienso que los valores inculcados por mis padres y maestros han sido el cimiento firme e inamovible para crecer y desarrollarme como persona y profesional.

La vida ha permitido que sea tres veces Ministra de Estado. He ejercido esta función en tiempos de gran convulsión social, y cuando los líderes políticos gozaban de poca confianza y credibilidad. He cosechado una alta aprobación de la ciudadanía (encuestas de opinión) en casi todas las mediciones, y considero que fue debido a aquel sentido de responsabilidad que siempre transmití y que aprendí junto con mis primeras letras en kindergarten.

Un político debe tener amplio conocimiento de su expertise o campo donde se desempeña, una base importante sobre los temas nacionales y altísima solidez en valores y principios para que nunca pueda renunciar a ellos.